Jul 21

Ayer me entró un puto virus al laptop, así que decidí formatear, en parte para resolver algunos otros problemas de drivers y software que habían colapsado por culpa del puto ESET que dejó pasar mil mierdas que me borraron hasta el CMD y el sndvol32. En fin, de todas maneras, quería reconfigurar particiones y echarle una probada al iDeneb OSX que había bajado. FAIL: el maldito OSX no termina nunca de instalar, porque se queda pegado en la mierda de licencia, que el Kalyway pasaba sin pedos. Me hubiera quedado con el Kalyway, pero la mierda me dejaba sin audio y sin wifi, y pa qué carajos tengo laptop si tengo que enchufarla, no?
Así que se vino el formateo. Moví todas las cosas a un disco externo y las que no queria reponer, la grabé en unos cuantos DVD’s que tenía. Todo ok. Redimensionado de particiones, instalacion desatendida (gracias, bj q estas en los cielos!) y mientras leyendo a Hawking y su Teoría del todo, que pensé me iba a marear como el ron de a peso, pero no, todavía me quedan neuronas para entender a don roboK sin lanzarme por el balcón. Terminada la instalación, vamos a conectarnos: FAIL again. No tengo la clave de la wifi, no está el archivo donde tenía guardada la pass, peor aún, no puedo entrar a la config del router!!! No reconoce mi clave, y no puedo resetearlo (gracias sobrino terremoto ¬¬) porque el botón vale madre.
2009-07-09_21-34_HBO- True Blood- SeasonResumen: 6am y no tengo net. Por suerte tengo codecs y el episodio 5 de la segunda temporada de True Blood (con sookie mas sucky que nunca :baba: ) donde aparece la historia de Eric, el vikingo sport, que al parecer es más humano de lo que aparenta, mostrando la hilacha en Dallas. Así que algo es algo.
Situación 2: en el log de configuracion del router, aparece una MAC que no es ninguna de la casa. Puto ladrón de ancho de banda, pagarás.
Resolución: meter los dedos para puentear lo que solía hacer el botón de reset. Reconfigurar el router, crear una clave con un generador practicamente de la agencía de inteligencia norcoreana, y cambiarle el nombre por algo sugerente que indique mi descontento y peor aún, mi toma de conocimiento de la existencia del ladrón de redes.2009-07-09_20-59_Conexiones de red inalámbricas


A ver si le quedan ganas…

Mar 6

Terminé de ver True Blood recién. Y creo que 12 capítulos vampirescos en una semana es para que cualquiera descuelgue el abrigo de terciopelo y desempolve el secador en busca de resucitar lo que tal vez los años y el “viento” se han llevado. Sin embargo, creo que nunca es tarde para redescubrirse en la faceta oscura que tantos beneficios (y bromas pésimas) nos trajo durante la juventud.

El encantamiento vampírico fue un lujo que, al menos en mi caso, me costó mucho aprender, aunque a través de los años, me he enterado que el efecto era bastante más poderoso y previo a mis alardes voluntarios. Pero dejemos la egolatría.

La serie está extraordinariamente bien hecha. Creo, desde mi perspectiva como realizador, que lo mejor de todo es la locación geográfica. Louisiana es el lejos uno de los estados más enigmáticos y folclóricos de gringolandia. Independiente que nos acerque a lo ya presentado por nuestra querida/odiada Anita Arroz, el tema de los campesinos freak es muy adecuado para combinarlo con el material vampírico, más que nada porque estos pueblos tienen esa calidez e inocencia que no existe en el resto de los estados gringos. Todavía existen esos bailes al aire libre con música tradicional, las reuniones post iglesia con mucho alcohol disfrazado de ponche, las abuelas octogenarias capaces de matar un buey con las manos y al mismo tiempo cocinar manjares para sus nietos. Todo esto, contrastado con la “maldad” de una manga de chupadores (de sangre, claro) y las ganas de integrarse de otros, hace que el juego de intenciones sea tan diverso, que nos veamos en la disyuntiva clave en la historia humana: Aceptar la diversidad.

¿Por qué nos cuesta tanto mirar detrás de los colores, formas y ropas? Es simple. A pesar de nuestra naturaleza curiosa y nuestra capacidad “única” de análisis, se esconde un temor ancestral a lo desconocido. Es como cuando eramos niños y no queríamos ir al cumpleaños del hijo de la amiga de mamá, simplemente porque no conocíamos a nadie y estábamos vulnerables a ser material para el hueveo, o bien que alguien nos moliera a golpes o nos dejara en el ridículo que marcaría tu vida y te convertiría en el ente oscuro que la familia no comprende, blablablabla, excusas. Pero es así. No vamos. Tememos. Pero bajo esa premisa no podemos solventar un tema de prejuicio. A pesar de que las generaciones actuales nos digan a todas luces con sus mescolanzas y escasez neuronal, que sí debemos molerlos a palos y tirarlos a la pileta de la plaza de la aviación.

True Blood, con la ingenuidad campesina (pero exquisita) de Sookie y lo variopinto del resto de sus habitantes, muy country, mezclados con tecnología y antros parecidos al TDS, hacen de esta serie algo digno de sentarse a ver con un trago en mano.

Destacable totalmente es el trabajo de musicalización, ad hoc y concienzudo, que hace las partes de protagonista fantasma de escenas crudas, pero manejadas con talento, de una estética muy ruda, muy de documental. Otro factor interesante es lo vanguardista de los guiones, que te sacan del tema vampírico para hacerte pensar en cosas tan disímiles como las adicciones, la percepción de la naturaleza, la amistad y el constante doble estándar de la gente, oculta tras los pensamientos que la sorprendente Anna Paquin, en su personaje, puede oír y hasta ver.

Por ahora, no queda más que esperar la segunda temporada, y comprar esas putas camisas que usaba antes, ahora un par de tallas más grandes.